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El placer de la contemplación

07 DE ABRIL 2017


Tengo un buen amigo especializado en actividades enoturísticas, gastronómicas… para bon vivants. También escribe libros, en las redes sociales, donde le dejan. Somos muchos los que compartimos esta pasión por reflejar las vivencias placenteras a través de las letras, debe ser que la sensibilidad por la comida y el vino nos empuja a expresarnos más allá del “ñam!”, “mmmm”, o del “¿repetimos?”.

 

¿Qué nos impulse a todos a querer compartir nuestra afición con el resto de humanos? El COMPARTIR, no el aislarnos, definitivamente.

 

Mi amigo escribe acerca de gente, sobretodo, de experiencias, de emociones… y sorprendentemente, me comenta hace unos días, a raíz de sus últimas publicaciones acerca de “cracks” del vino, dícese “enólogos categoría Messi”.

 

Sandra, no lo entiendo. Los post menos leídos, con menos repercusión, son aquellos en los que hablo de grandes personalidades vinícolas”.

 

No me sorpende. Buscamos aprender, nos complace el deleite ajeno en cuanto también podamos llegar a vivirlo. Poco a poco, vamos desechando ese concepto místico del enólogo-divo. Queremos exprencias terrenales. Nos emociona empatizar e incluso fijar fecha en el calendario: “Voy a reservar mesa. Compraré ese vino. Gozaré esa cerveza con los amigos”.

 

Impacta en mayor medida una fotografía de un amigo que ha descorchado un vino anhelado que el relato de quien lo elaboró.

 

Vamos a la búsqueda y captura del placer: placer físico, ante un plato suculento, deleitándonos con el aroma de un Sauvignon Blanc, placer psíquico, recreándonos ante el inminente encuentro en el restaurantem imaginando cómo seducir mientras cocinamos, la creación…. placer intelectual, arrancando secretos al chef, al sumiller…. bebiéndonos un conocimiento…. placer lúdico que nos regresa a la infancia, nos reímos, casi sin motive, cuando estamos felices ante un plato que alguien ha elaborado con esmero para nosotros…. placer emocional, el compartir sin el cual es complicado alcanzar la plenitud.

Más de repente, sin desearlo, nos aislamos, auqnue solo sea por instante, y todo se reduce al placer de la contemplación, el disfrute por Sandra Aulló.




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